jueves, junio 01, 2006

Los despilfarros del foxismo

Los panistas se alarman porque, dicen, de incrementarse los ingresos de las familias podría crecer la inflación. Para empezar esto no es una regla irrompible. Para que el aumento en ingresos se traduzca en automático en inflación se requiere que se incremente el consumo en sectores de la economía en los que se pueda producir suboferta de bienes y servicios, de tal manera que se incrementen los precios, y que estos incrementos alteren significativamente los precios de la cadena productiva. ¿Pero cómo podrían estas presuntas alzas en precios convertirse en una cadena inflacionaria si, precisamente, el proyecto económico de Andrés Manuel López Obrador propone de entrada bajar los precios de la gasolina, el gas y la electricidad, áreas que definitivamente SÍ AFECTAN los precios de la cadena productiva? En otras palabras, el alza en precios que presumen los panistas es hipotética; la baja en precios que propone la Coalición por el Bien de Todos es real. Los panistas parecen olvidar que en diversas ocasiones durante este sexenio han sido precisamente las alzas en transporte y electricidad las que han impulsado al Índice de Precios al Consumidor.

Los panistas no pueden aceptar que el gobierno de Vicente Fox ha, sencillamente, despilfarrado la bonanza petrolera. En junio del año 2003 el propio Guillermo Ortiz, gobernador del Banco de México (hoy indirectamente sumado a la campaña de Calderón) cuestionaba como era posible que ante los ingresos extra por los altos precios del petróleo no hubiera nueva infraestructura, más obra pública. Rogelio Ramírez de la O ha denunciado lo que ha sido una innecesaria explosión del gasto corriente de parte de un gobierno del que se esperaba sobre todo eficiencia. Pero todos los que hemos estado cerca de la Administración Pública Federal sabemos de los innumberables despilfarros, y no exclusivamente hablando de trabajadores sindicalizados. Hemos visto la creación de nuevas plazas de funcionarios que no tienen nada productivo que hacer pero que ganan sueldos por encima de los 100,000 pesos mensuales (más prestaciones), duplicidad de funciones, autos, celulares, pagos excesivos en todo tipo de contratos con externos, Para muestra un botón: el diseño del "águila mocha" costó 287,000, cuando se pudo haberse comprado con menos de 50,000. Rediseñar el escudo nacional no era necesario. Tampoco lo han sido las cabañas de Los Pinos con sus toallas de 4,000 pesos, el excesivo gasto en publicidad y comunicación social especialmente en la promoción política de Vicente Fox, los recursos entregados a Provida, el elefante blanco de la "megabiblioteca", y un largo etcétera.

Si a todo esto agregamos que no se cobran impuestos cuando deberían cobrarse (venta de Banamex a Citigroup, los impuestos que se regresaron a Jugos del Valle, etc.), que se pierden juicios como el que ganó Diego Fernández y por el que se obligó a la Secretaría de la Reforma Agraria a pagar una indemnización millonaria, se entiende por qué el cálculo de 100,000 millones de pesos es incluso conservador. Los que hemos dado seguimiento el Presupuesto de Egresos desde tiempos de Ernesto Zedillo estamos convencidos de que se puede ahorrar, y mucho. Andrés Manuel López Obrador no está descubriendo el hilo negro: esta proponiendo algo lógico, pero la alta burocracia y los privilegiados cuando se ven amenazados parecen salir hasta debajo de las piedras.

A diferencia de los proyectos de Roberto Madrazo y Felipe Calderón, Andrés Manuel López Obrador puede sacar adelante este programa sin necesidad de pasar reformas estructurales en un Congreso opositor. La propuesta es de un gobierno eficiente (administración de recursos) y eficaz (logro de objetivos), con servidores públicos con vocacion, que no vayan al sector público a enriquecerse, sino a servir.